Utente:Principe Pío/articolo

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El Museo del Prado es la más grande pinacoteca de España, situada en Madrid, concretamente en el Paseo del Prado. Junto al Museo Thyssen-Bornemiza y al Museo Reina Sofía forma el Triángulo del arte, considerada como la meca del arte español, al punto de que muchos consideran que no se puede evaluar el arte de España sin visitar estos tres museos.[1] Su influencia se transmite también a otros centros artísticos fuera del triángulo, como el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Nacional de Artes Decorativas, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y otros pequeños museos.

Historia[modifica]

El nuevo edificio[modifica]

Arquitectura[modifica]

El edificio de Juan de Villanueva[modifica]

Planta del antiguo Museo del Prado, antes de su última ampliación.

Está formado por un cuerpo central al que flanquean unas galerías alargadas que terminan en unos pabellones cuadrados en cuyo interior se cobijan las rotondas. El cuerpo central sobresale con una construcción que tiene seis columnas de orden toscano, un entablamento, una cornisa y un ático que lo remata. En su cara posterior, termina en forma semicircular o absidial, de tal modo que su plano adopta forma basilical. Originariamente, dicha estancia abarcaba las dos plantas de altura, y a finales del XIX se dividió en dos pisos. El inferior era la sala de juntas, hasta su reciente conversión en recibidor. La planta superior es la actual sala XII, presidida por Las Meninas. Las dos galerías laterales tienen dos plantas en altura. La inferior con unos ventanales profundos y alargados que acaban en un arco de medio punto y la superior con una galería de columnas jónicas (en la actualidad hay un tercer piso retranqueado, obra posterior).[2]


La fachada norte tiene un pórtico con columnas jónicas y sobre ellas un entablamento. Esta fachada corresponde a la segunda planta del edificio. Cuando se construyó el edificio, la primera planta quedaba, por ese lado, bajo el nivel del terreno, que por aquella época bajaba en una pequeña cuesta hasta el paseo del Prado, hasta que más tarde se desmontó este desnivel hasta ponerlo a la misma altura que el suelo real del monumento. En 1882 se hubo que construir una escalinata para su acceso.[3]

La fachada sur (que da a la plaza de Murillo, frente al Jardín Botánico) tiene un vano adintelado, de acceso al interior, y una logia o galería con seis columnas de orden corintio sobre las que se apoya un entablamento. El interior del edificio es abovedado en sus salas centrales. En la parte norte hay una rotonda con ocho columnas jónicas cuya bóveda tiene decoración de casetones.[4]

En el exterior, en la fachada que da al Paseo del Prado, se encuentra la Puerta de Velázquez, con un frontis de orden dórico que incorpora el relieve del ático, y las estatuas y medallones alegóricos al rey Fernando VII como protector de las ciencias, las artes y la técnica. Frente a esta puerta está ubicada la estatua de Velázquez, obra del escultor Aniceto Marinas. El pedestal es de Vicente Lampérez. Tiene una dedicatoria: Los artistas españoles, por iniciativa del Círculo de Bellas Artes, 1899. Este monumento se inauguró el día 14 de junio de ese mismo año con la presencia de la regente María Cristina de Habsburgo-Lorena y del rey niño Alfonso XIII. También se rindió homenaje y reconocimiento al pintor Velázquez y a la pintura española. Además de los reyes acudieron al acto delegados de diferentes delegaciones internacionales, como Francia y el Reino Unido.[5]

Puerta de Velázquez[modifica]

La Puerta de Velázquez, símbolo del Prado, ha sido restaurada y abierta al público en 2007. Hasta entonces, sólo era empleada como imagen mundial del Museo y para presentar novedades.

La Puerta de Velázquez es la principal entrada al Museo y emblema de éste. Toma su nombre de Diego Velázquez, pintor sevillano afincado en la corte de Felipe IV y que produjo importantes obras —Las Meninas, Las hilanderas y varios retratos de la familia real, entre otras—, que hoy se conservan en el Prado. Alberga un gran salón de acogida al público y es la vía de flujo más importante en el Museo, pues a través de ella se puede visitar todo el edificio de Villanueva. El friso sobre la puerta representa a Fernando VII como protector de las artes y las ciencias, junto a varios dioses de la mitología griega, como Atenea y Apolo.[6]

La escultura que está frente a la entrada representa a Velázquez, fue construida en 1899 por Aniceto Marinas. Esta puerta fue uno de los ejes centrales de las restauraciones de 2006 y 2007: al pavimentarse las calles Ruiz de Alarcón, Casado del Alisal y Alberto Bosch, se necesitaba construir una ampliación para dotar de mayor espacio a la zona, para lo que se gastaron €42.636.006. Se adaptaron varias taquillas y servicios de seguridad en la puerta, que hasta entonces había estado cerrada al público y sólo se usaba para actos solemnes. Entre las obras de la restauración destaca la protección de la estatua de Velázquez, llevada a cabo por la empresa Ferrovial.[7]

Finalmente, la mañana del 1 de noviembre de 2007, alrededor de las nueve de la mañana (CET), se abrió la puerta al público. A través de ella los visitantes pueden contemplar en primer plano varias obras del romanticismo español, especialmente de José de Madrazo y Francisco Pradilla.[8]

Puerta de Goya[modifica]

Corresponde a la segunda planta del Prado, ya que la primera queda en desnivel por indicaciones de Villanueva en el siglo XVIII. A partir de 2007, con las reformas hechas a la puerta de Velázquez, a la puerta de Goya se le han añadido ascensores para conducir a los visitantes. En ella se pueden comprar los boletos para el Museo y las exposiciones temporales. También se encuentra una estatua de Goya contemporánea a la de Velázquez, construida por Mariano Benlliure hecha con cobre y mármol. Tiene también una leyenda que reza «1746-1828-1902», haciendo clara alusión a las fechas de nacimiento y muerte del aragonés, así como la inauguración de la estatua. Ésta fue llevada a cabo por Alfonso XIII, en uno de sus primeros actos tras su mayoría de edad.[9][10]

Como marco de las remodelaciones que Rafael Moneo realizó, se hicieron cambios sustanciales a la estructura de la planta. Así, el sistema basilical imperante hasta entonces tuvo ligeras modificaciones que permitieron mayor acceso a los visitantes. También se abrió un pequeño portón para el fluir de turistas durante los meses del verano, que ha sido usado también para las exposiciones y la presentación de nuevos cuadros.[11]

La Puerta de Murillo, nombrada en honor al pintor homónimo, se sitúa cercana al Jardín Botánico.

Puerta de Murillo[modifica]

Sita cerca al Jardín Botánico. Junto a las puertas de Velázquez y Goya, completa el trío de entradas al Prado. Toma su nombre de la estatua colocada enfrente de ella, edificada en honor a Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682), pintor sevillano de la escuela velazqueña. La obra es una réplica de la conservada en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, inaugurada en 1864. Ésta se presentó al público en 1871, durante el reinado de Amadeo I. Tiene un pedestal de cuatro cuerpos de mármol y bronce incrustado. Es obra del arquitecto Demetrio de los Ríos. Murillo es representado con una paleta, cual si estuviese laborando en su taller.[12]

La puerta tiene usos similares a la de Goya: vender boletos y servir de taquilla para los visitantes. En las restauraciones recientes se ha dotado a la Puerta de Murillo de un nuevo sistema de seguridad, de asientos cómodos para el visitante y en las taquillas se intenta evitar las «colas», a fin de que el público pueda admirar más pronto las obras de la colección permanente. A través de ella pueden penetrar al Museo grupos escolares y universitarios con reserva.[13]


El interior[modifica]

El edificio de Villanueva está dividido en un sótano, una planta baja y dos plantas. En el sótano se encuentran las Artes Suntuarias, mejor conocidas bajo el nombre de Tesoro del Delfín, en las salas 100 a 102. Se accede a él mediante la planta 0, a la que se accede por la Puerta de Murillo. El sótano es la parte del Museo que menos obras tiene, pues sólo posee tres salas. Entre otras cosas, tiene también los ascensores y escaleras para subir a la planta siguiente.[14]

La planta baja —conocida como planta 0 en la jerga museográfica— es el punto de partida para los visitantes del Museo. Tiene tres entradas, la Puerta de Velázquez, la Puerta de Murillo y la Puerta de los Jerónimos. En la primera y en la de los Jerónimos se venden billetes para las exposiciones y la colección permanente. En la de Murillo se accede con reserva para grupos guiados. En la planta 0 convergen las colecciones de pintura y escultura europea entre 1100 y 1600. Los principales autores que tienen sitio en las salas 49 a 75 de este piso son Rafael Sanzio, Roger van der Weyden, Giovanni Batista Tiépolo, El Bosco, Tintoretto, Durero, Tiziano y Goya. Es también punto de entrada para el edificio del claustro, donde están ubicadas la cafetería, la tienda de regalos, el auditorio, servicios para minusválidos y lactantes, áreas de descanso, restaurantes y un servicio médico. También se puede acceder a las exposiciones temporales que presenta el Museo.[15]


La siguiente planta sigue el orden estructural de presentación, mostrando pintura y escultura europea entre 1600 y 1850. Comprende las salas 2 a 39, y se centra en las escuelas española, italiana y flamenca. Los principales autores de éstas y que tiene su sitio en el prado son: Diego Velázquez, El Greco, Nicolas Poussin, Claudio de Lorena, Rembrandt, Caravaggio, Rubens, José de Ribera, Bartolomé Esteban Murillo y el ya citado Goya. Las salas contiene gran cantidad de obras consideradas y catalogadas como «maestras», entre las que se cuentan: Las Meninas (Velázquez), Artemisa (Rembrandt), y Las tres Gracias (Rubens). Nuevamente se puede penetrar al edificio de los Jerónimos a través de este piso.[16]


Finalmente se encuentra la planta 2, donde se completa la colección con obras de pintura del siglo XVIII. Los principales autores de este piso son Anton Rafael Mengs, Tiépolo y Goya. Tiene las primeras obras que fueron encargadas para la corte de Carlos III, quien mandaría construir el edificio que hoy alberga el Prado. Tiene varios retratos de Mengs (Carlos III, María Amalia de Sajonia, Carlos IV príncipe) y la Adoración de los Pastores, del mismo autor. En cuanto a Tiépolo, la obra más destacada que el Prado tiene en la planta 2 del veneciano es La Inmaculada Concepción. De Goya posee sus Cartones para tapices, algunos retratos (Fernando VII con manto real, El general Rebolledo Palafox a caballo) y sus Pinturas Negras.[17]

El edificio de los Jerónimos[modifica]

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Conocido como «El cubo de Moneo», en honor a su restaurador Rafael Moneo, el convento de San Jerónimo «el Real» fue uno de los más importantes de Madrid, si bien de él ya sólo queda la iglesia y el claustro, aunque muy deteriorado este último. Enrique IV había ya mandado construir otro monasterio de jerónimos a orillas del Manzanares en 1463, y poco después, en 1470 había dotado a la congregación de prebendas y privilegio para recaudar impuestos, es algo después a finales del siglo XV cuando los Reyes Católicos ordenan la construcción en Madrid de un monasterio de frailes jerónimos que sirviera de aposento a la Familia Real en sus estancias en la villa. Este monasterio se realizó en estilo gótico muy tardío con influencia renacentista. En el siglo XVI, Felipe II amplía el llamado Cuarto Real, unos aposentos destinados al alojamiento de los monarcas y que sería germen del futuro Palacio del Buen Retiro que crecería junto al claustro. El Cuarto Real estaba junto al lado del presbiterio del Evangelio, de tal suerte que el rey podía escuchar misa desde su dormitorio, costumbre que también es patente en el diseño y distribución del Monasterio de El Escorial. Durante la Guerra de la Independencia, el monasterio, como el palacio anexo, quedaron gravemente dañados. Como consecuencia de esto, Fernando VII convierte el monasterio en cuartel de Artillería. Años después, Francisco de Asís de Borbón, consorte de Isabel II ordena a Narciso Pascual y Colorner la restauración de la iglesia, fruto de la cual son las torres de su cabecera, que flanquean el ábside. Posteriormente, en 1878 se cede el templo al arzobispado, que emprende nuevas reformas que lo dotarán de su aspecto actual, y en las que el interior será completamente remodelado eliminándose las tribunas del siglo XVI existentes. En San Jerónimo se celebró, el 31 de mayo de 1906, el enlace matrimonial entre Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg.[18]

A partir de las restauraciones que Luzón propuso en 1995, se tomó al claustro como base de ellas. En él se construyeron nuevas salas de exposición, el taller de restauradores, la biblioteca y el gabinete técnico. Fue también el punto de partida para un edificio de nexo entre el claustro y el edificio de Villanueva, donde se colocaron la cafetería, la sala de actos y el centro de información todo ello inaugurado en 1997. Al claustro se le han dado nuevas medidas de seguridad, una nueva cúpula y varias salas, en las que se exponen las Musas y las obras velazqueñas. Precisamente es el pintor sevillano el que da nombre a la puerta que permite la entrada al claustro.[19]

El Casón del Buen Retiro[modifica]

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El Buen Retiro, símbolo del Madrid de los Austrias, se ha convertido paulatinamente en un nuevo edificio para el Museo del Prado.

El Casón del Buen Retiro fue edificado en 1637 bajo Felipe IV y promovido por el Conde-Duque de Olivares. El objetivo del Casón era servir como salón de baile para las fiestas palaciegas. El nombre de «Buen Retiro» hace referencia a unos cuartos en el claustro de los Jerónimos que la familia real usaba para meditar, hacer ejercicios espirituales o guardar el luto. Al producirse la reforma de los Austrias, conservó el nombre. El conjunto arquitectónico de Felipe IV se fue deteriorando por el tiempo y las guerras que asolaron Madrid, al punto de que el Casón cayó en decadencia y en 1971 sólo quedaban los jardines y el Salón de Reinos, que decoró Velázquez. Las pinturas del Casón fueron llevadas al Prado por orden de Isabel II, y en 1972 el edificio enteró se cedió al Prado para que fuese utilizado para exponer la colección. En 1996 se comenzó su restauración, la cual culminó en noviembre del año siguiente.[20]

La arquitectura del Casón es obra de Alonso de Carbonell, y en su decoración tomó parte el artista italiano Luca Giordano. El napolitano realizó el mural Alegoría del Toisón de Oro, una institución clave para la monarquía, en ese momento en crisis. Las pinceladas de Giordano tienen como fin realzar al monarca ante su pueblo y ante el exterior, pues se avecina la crisis sucesoria debida a la falta de hijos de Carlos II.[21][22] En 1819, Fernando VII decide usar el Casón como almacén de las pinturas no expuestas en el Prado, y en 1881 Alfonso XII crea el Museo de Arte Moderno. Éste albergó pinturas desde el siglo XIX hasta mediados del XX, en especial del romanticismo y cubismo. Sus principales autores fueron Sorolla, Madrazo y Picasso. De éste último el Prado consiguió su Guernica, pero al nacer el Museo Reina Sofía, muchas obras del Casón y del moderno Prado le fueron donadas al nuevo museo.[23]

Las restauraciones paliaron los daños que el Casón había sufrido durante ya varios años, quitaron el polvo de las pinturas y remodelaron un poco el antiguo edificio de Carbonell. Se pensaba trasladar al Casón las dependencias administrativas del Museo, pero la adquisición que Checa hizo de un edificio cercano cambió el plan, por lo que se llevaron a éste las dependencias. Al Casón se le asignaron, en cambio, la biblioteca y las colecciones de pintura del siglo XIX.[24]

Restauraciones y proceso de conservación[modifica]

Como parte de las obras de ampliación en el Museo, el antiguo Casón se ha habilitado para recibir el conjunto administrativo del Prado.

Además de las que se realizan cotidianamente a las obras de arte, en el Museo del Prado suelen efectuarse restauraciones al conjunto arquitectónico. Una de las más recientes y principales ha sido la que Fernando Checa llevó a cabo en su mandato, entre 1996 y 1997. Aunque si bien el proyecto surgió durante la gestión de Luzón al frente del Prado, la posterior remoción de éste permitió a Checa completarla. Su programa estaba basado en tres edificios: en el de Villanueva expondría la pintura clásica europea, desde el siglo XI hasta Goya, la colección de escultura, algunos dibujos y bocetos y el Tesoro del Delfín. En el Casón del Buen Retiro, que se añadiría al conglomerado del Museo, se presentarían al público muestras de pintura de la España de los Austrias, como el Salón de Reinos de Felipe IV, con la emblemática La rendición de Breda, de Velázquez. En el edificio que Checa compró a la compañía Aldeasa, se instaurarían el gabinete técnico, las salas de carácter administrativo y dedicado al manejo del Museo. Asimismo se planeó construir un edificio contiguo entre el claustro de los Jerónimos y el Museo, donde se ubicaron los servicios al público y la cafetería. El rey Juan Carlos I presidió la inauguración de estos actos, en presencia de los ministros, el 17 de noviembre de 1997.[25]

En 2008 se cumple el bicentenario del Levantamiento del dos de mayo, por lo que el Prado ha montado una exposición sobre el arte goyesco relativo a la época (Goya en tiempos de guerra). Otra de las fases de dicha exposición ha sido restaurar El dos y el tres de mayo, del mismo autor.[26]

Sin embargo, el Prado proyectó ese mismo año un nuevo concurso de ampliación del Casón del Buen Retiro, a base de los proyectos presentados para la anterior restauración. Jaime Tarruell venció wen principio, pero antes las dificultades que presentaba su proyecto para el Solar, se otorgó la licencia a Rafael Moneo. Pero esta ampliación también presentaba contratiempos: el Arzobispado de Madrid se opuso, alegando que el edificio evitaría que la luz natural penetrase en el claustro de los Jerónimos. Moneo decidió entonces construirlo con ladrillos de tonalidad rosada, pero esto chocaba con la iglesia, construida en colores de piedra. Finalmente se aprobó su proyecto en 2000, pero la posibilidad de que estuviese terminado en 2003 era lejana, debido a la ralentización de las obras. En 2004, Carmen Calvo informó que se terminarían en 2006, y que el Prado dispondría de más de 16.500 m&sup2 para proyectar las obras.[27]

En cuanto a las restauraciones de pinturas, ha sido tema de preocupación para el Museo desde sus mismos orígenes. En sí, la historia de la restauración pictórica en España comienza en 1734, cuando el desafortunado incendio en el Real Alcázar de Madrid, la noche del 24 de diciembre, destruye muchas pinturas y daña otras. Felipe V llama a los restauradores de Europa para paliar en algo su colección, y muchos de ellos se establecen en el país. Al nacer el Prado, con los albores del siglo XIX, el Museo instituye una planilla de restauradores en su reglamento interno. Con el tiempo, la labor de restauración cuenta con más importancia y se le dedica una sala en el Casón. Las principales herramientas de colaboración para los restauradores son el Departamento de conservación, con sus múltiples especialidades por épocas y escuelas; el Gabinete de Documentación Técnica, que provee investigaciones previas y el Laboratorio de Fotografía, encargado de hacer fotografías para visualizar algunas partes de las obras dañadas. Asimismo, muchas veces se exponen ante el público los procesos de la restauración.[28] Una de las últimas restauraciones que ha efectuado el Museo es la de El dos y el tres de mayo de 1808 en Madrid, con motivo del bicentenario de los eventos en 2008.[29]

La colección[modifica]

Pintura española[modifica]

La familia de Felipe V, de Louis-Michel Van Loo. En el cuadro aparece la primera familia Borbón que reinó en España y los principales coleccionistas del siglo XVIII: Isabel de Farnesio, Bárbara de Braganza y Carlos III. Las colecciones que acapararon pronto formarían parte del Museo del Prado.

Difícilmente se puede hablar de mecenazgo, exceptuando a la Corona y a la Iglesia, en España hasta el siglo XVIII. La demanda burguesa tampoco fue tan amplia como en otras regiones, como los Países Bajos. Será hasta bien entrado el siglo de las luces, cuando la nobleza «de nuevo cuño», influida por la moda francesa, comience a coleccionar obras de arte neoclásico. Por otro lado, la Iglesia, especialmente movida por el afán de la Contrarreforma, se erige en paladín y mecenas de muchos artistas, a fin de poder ilustrar mejor sus templos. En este sentido, se convertirá en pieza fundamental para el arte español, y en concreto, para la pintura.[30]

Así pues, la colección de pintura española en el Prado se puede clasificar en tres grupos: el primero, ordenado y pagado por la Iglesia; el segundo, el que la Corona encargaba y era mostrado en los palacios; y el tercero y último, el que el Prado ha obtenido a raíz de las donaciones que los particulares han hecho de pinturas que poseían en su haber. La más numerosa de esas tres clasificaciones es, sin duda, la que proviene de la Corona. Al ser derrocada Isabel II en 1868, el nuevo gobierno republicano encontró 317 pinturas de la escuela española, en su mayoría provenientes de las colecciones áulicas. Bajo la Casa de Austria crece el coleccionismo, con Felipe III y en especial con Felipe IV. Será éste quien envíe y patrocine a Velázquez, quien obtiene pinturas de la escuela italiana a la vez que produce las suyas propias para los sitios reales.[31]

En la Casa de Borbón, que se instaura en 1700, las principales coleccionistas son las reinas consortes Isabel de Farnesio y Bárbara de Braganza. La primera, segunda esposa de Felipe V, oriunda de Parma, llegó a poseer una gran colección que incluso superó a la de Luis XV. La segunda y última era portuguesa, hija de Juan V y esposa de Fernando VI, era admiradora de la música y de Escarlati. Patrocinó el Monasterio de las Salesas Reales —donde sería enterrada— y estimuló a pintores como Corrado Giaquinto y Jacopo Amiconi. Carlos III hereda el afán coleccionista de sus padres y promueve a Luis Paret y Alcázar. Gracias a las influencias del conde de Aranda, edificó el edificio que hoy ocupa el Prado. El siglo XVIII cierra con Carlos IV, que consigue para sí los bodegones de varios artistas españoles. Patrocina la obra de Goya y decora el Palacio Real de Madrid con obras que más tarde se llevarán al Prado.[32]

Ya creado el Museo, la labor del duque de Híjar y de José de Madrazo, logró que el Prado consiguiese muchas obras de la escuela española. Otra medida que contribuyó a ello fue la desamortización de los bienes eclesiásticos, en 1836. Así se obtuvieron para los fondos reales varias pinturas hasta entonces en manos de la Iglesia. Sin embargo, no todo se donó al Museo, una gran parte de lo obtenido fue legado a un Museo Nacional, que albergaría obras desamortizadas de Madrid, Segovia y Toledo.[33]

Santo Domingo presidiendo un auto de fe, de Pedro Berruguete. Su autor fue uno de los más reputados pintores del gótico español.

Con la revolución de 1868, Isabel II es destronada y el gobierno pasa brevemente a manos de Amadeo de Saboya. Más tarde se proclama la Primera República Española. El 22 de marzo de 1870, el Museo de la Trinidad, con gran cantidad de pinturas religiosas, terminó su corta existencia y sus obras fueron donadas al Prado. Este museo pronto se convirtió en germen para los demás museos públicos españoles, en especial de arte, que comenzaban a surgir.[34] Al frente de la institución fue colocado el alicantino Antonio Gisbert, terminando así el período de Madrazo. Al ser restaurado Alfonso XII en el trono, nombra a Federico de Madrazo como director. La escuela española aumenta su colección al comprar obras pintorescas y clásicas de la España dieciochesca de Ramón y Francisco Bayeu, y los Cartones para tapices, de Goya. Madrazo se empeña en conseguir más obra del aragonés, hasta entonces guardadas en los sótanos de los reales sitios. Logró la adquisición de una serie de cartones preparatorios y dibujos para La familia de Carlos IV. También consiguió hacerse con una buena cantidad de obra representativas del hispanoflamenco. En 1881, tras ser rechazadas en la Exposición Universal de París de 1878, Frédéric Émile d’Erlanger lega las Pinturas Negras, de Goya al Museo del Prado. Las traslada de lienzo a revoco Salvador Martínez Cubells. Ya en el siglo XX, las donaciones más importantes de pintura española las realiza Pablo Bosch. En 1894 gran parte de las pinturas del siglo XIX pasan a integrar el Museo de Arte Moderno, que Francisco Franco fusiona en 1971 con el Prado, integrándose así las colecciones decimonónicas en el Casón del Buen Retiro.[35]

Pintura medieval[modifica]

La santa cena, obra maestra de Juan de Juanes, conservada en el Prado.

La mayoría de las obras que componen esta época de la escuela española son retablos y pinturas con técnicas primitivas, que se inspiran en la temática del Pantocrátor para componer sus cuadros. Otras escenas recurrentes son las de temática bíblica. Poco antes de comenzar el siglo XVI, se advierte en el estilo pictórico español un marcado giro hacia la pintura flamenca, motivado por la llegada del flamenco Carlos I al trono español. Autores de los que el Prado posee obras medievales son el Maestro de Maderuelo, Jaume Huguet, Pedro Berruguete y Bartolomé Bermejo.[36]

Antes de producirse tal cambio, convergen en España los estilos francogótico e italogótico. Es perceptible este ligero giro en el arte en los retablos hispalenses, que serán dedicados tiempo después a las iglesias. Los pintores de los siglos XIV y XV en que es notorio este estilo son [[Nicolás Francés], Juan de Peralta (Juan Hispalense) y Juan Leví. La pintura del Gótico se caracterizó por la influencia que los conflictos políticos generados por la Reconquista española ocasionaron en la sociedad hispánica. En el museo existen obras que abarcan desde el siglo XIII hasta fines del románico. En 1926, la ciudad de Segovia envió al museo una dotación compuesta por lo más destacado del gótico, presente hasta aquel momento en la ciudad castellana. Compuesta en su mayoría por retablos, los más destacables son: Vida de la Virgen y San Francisco, de Nicolás Francés; Virgen con el niño y santos obra de Sancho de Rojas; Santo Domingo de Silos, pintura en retablo de Bartolomé Bermejo y La Piedad, pintada por Fernando Gallego.[37]

Al suceder el fin del estilo gótico, España vuelve a tomar una nueva asimilación del arte, creándose así el estilo hispanoflamenco, que tendrá sus máximos focos artísticos en Castilla y Andalucía. Los autores de estas obras son, principalmente, Jorge Inglés, Fernando Gallego, Diego de la Cruz y el pintor hispanoflamenco por antonomasia, Juan de Flandes.[38]

Santa Catalina, de Fernando Yáñez. Tiene marcados rasgos heredados del hispanoflamenco, pero ya se advierte la influencia de otros pintores renacentistas.

Renacimiento y barroco[modifica]

Pedro Berruguete fue el primer artista que introdujo tendencias del renacimiento en España. Poco tiempo después, ya comenzado el siglo XVI, se destierra el estilo flamenco y surge el renacentista español. El Prado posee algunas obras de la época, como Santa Catalina, de Fernando Yáñez de la Almedina, posible asistente de Leonardo da Vinci,[39] y La santa cena, de Juan de Juanes.[40]

El Greco es uno de los mayores exponentes del renacimiento español. El Museo tiene en su colección varias obras del pintor griego, algunas realizadas en su período de Italia y más de treinta ejecutadas en sus años en España. En la colección de El Greco en el Prado destacan La anunciación, El caballero de la mano en el pecho, La Trinidad, algunas obras del retablo de María de Aragón y el grupo de Los Apóstoles.[41]

Ya entrado el siglo XVII surge en España un nuevo tipo de pintura, influenciado por Rubens y Antoon Van Dyck. De estos dos autores hay grandes colecciones en España, de las cuales el Prado tiene algunas pinturas en sus fondos. El naturalismo que Caravaggio pregona en Italia, en su obra se nota cierta conexión con el pintor catalán Francisco Ribalta y con José de Ribera. Otros exponentes del Siglo de Oro en la pintura son Bartolomé Esteban Murillo, José de Ribera y el pintor monástico Francisco de Zurbarán. Ribera —El españoleto, su sobrenombre en Nápoles— está representado por cuadros como Esaú y Jacob o El martirio de San Felipe —que muchas veces se interpreta como El martirio de San Bartolomé, siendo errónea esta valoración, pero muy difundida en la cultura popular—. Mientras tanto, las principales obras de Murillo en el Prado son El buen pastor, La sagrada familia del pajarito y la Inmaculada de Soult. De Zurbarán existen en el Museo Visión de San Pedro Nolasco y San Lucas como pintor, ante Cristo en la cruz. Otros autores barrocos del Prado son Alonso Cano9, Claudio Coello[42] y el retratista de la corte Juan Carreño de Miranda.

Velázquez y Goya[modifica]

Ambos pintores son los más representativos del Prado y el Museo ha obtenido una gran parte de sus obras, lo que le ha dado al museo madrileño una identidad única.[43] A pesar de haber vivido en siglos diferentes (Velázquez en el XVII y Goya entre el XVIII y el XIX), la obra de los dos está relacionada íntimamente —en especial la primera etapa del Goya joven con Velázquez—. El Prado tiene casi cincuenta obra de Velázquez, provenientes en su mayoría de las colecciones áulicas a las que sirvió durante toda su vida laboral. La cantidad de obras goyescas en el Museo asciende a más de ciento cuarenta obra de arte, pero, a diferencia de Velázquez, la mayoría no ha sido obtenida por medio de las colecciones reales.[44]

Visitantes contemplan Las majas, dos de las obras más populares de Goya.

Velázquez trabajó gran parte de su vida en la corte del rey Felipe IV, por lo que sus obligaciones en la corte le llevaron a suspender su labor artística durante períodos. Aún así, la estrecha relación del sevillano con la corte permitió que una buena parte de sus cuadros quedasen en España y a la postre fuesen legados al Museo del Prado.[45] Felipe IV le encargó varias tareas en su corte, como decorar el Palacio del Buen Retiro, para lo cual realizó retratos ecuestres —del rey, su hijo el príncipe Baltasar Carlos, sus padres (Felipe III y Margarita de Austria) y su esposa, Isabel de Borbón—, y la famosa pieza de arte La rendición de Breda. Dos veces viajó a Italia Velázquez, ambas por encargo del monarca, a fin de conseguir nuevas obras de arte y de que perfeccionase su estilo. En 1656 pinta Las Meninas, que ahora ha adquirido el Museo. Poco antes de su muerte recibió el título de caballero de la Orden de Santiago.[46]

Goya vivió un siglo después de Velázquez, pero en sus inicios estuvo muy influenciado por su obra —véase el Cristo crucificado—. La serie de los Cartones para tapices abre cronológicamente el área del Prado dedicada al maestro de Fuendetodos.[47] Su estilo fue evolucionado a uno más oscuro a raíz de una enfermedad en 1793. Trabajó como retratista de la familia real bajo Carlos IV y Fernando VII, época en la que produjo La familia de Carlos IV y Fernando VII con manto real. Este último no prestó mucha importancia al aragonés, quien se exilió en su Quinta del Sordo, donde creó las Pinturas Negras, hoy en el Prado.[48] Uno de sus últimos trabajo es el cuadro La lechera de Burdeos, también en la pinacoteca del Prado.[49]

Cortejo del bautizo del príncipe Juan, de Francisco Pradilla. Es un ejemplo de arte romántico en el Museo del Prado.

Siglo XIX[modifica]

La pintura española del siglo XIX está notablemente influida por el arte goyesco. Especialmente, Vicente López, sucesor del aragonés como pintor de cámara, tiene ese estilo. Es apreciable, sobre todo, en el retrato que realizó a Goya. Otros artistas en los que es perceptible un giro hacia el arte goyesco son Federico Madrazo (La condesa de Vilches) y Antonio María Esquivel (Los poetas Contemporáneos o Lectura de José Zorrilla). Eugenio Lucas Velázquez y Leonardo Alenza fueron otros pintores a los que el estilo goyesco de los últimos años, en especial el de las Pinturas Negras, influenció. El romanticismo pictórico en España comenzó con Eduardo Rosales (El testamento de Isabel la Católica) y Francisco Pradilla (Juana la Loca, La capitulación de Granada, Bautizo del príncipe Juan). Asimismo son notables los paisajes de Mariano Fortuny, como Fantasía sobre Fausto y Desnudo en la playa de Portici. Joaquín Sorolla tiene varias obras expuestas en el Prado, como Aún dicen que el pescado es caro y Niños en la playa.Errore nelle note: </ref> di chiusura mancante per il marcatore <ref>.

Servicios de educación e investigación[modifica]

Relaciones del Museo con la sociedad[modifica]

Como primera institución cultural española, el Prado es un organismo público, sostenido con los impuestos de los ciudadanos, pero que a su vez es objeto de numerosas atenciones de toda la sociedad. Muchas iniciativas se materializan en forma de donaciones y legados. A lo largo de su historia, el Prado ha acogido muy distintos legados de colecciones y de obras de arte de propietarios particulares que han querido contribuir al enriquecimiento del patrimonio público español en su más importante y famosa colección. Así son especialmente conocidos los Legados Errazu, Fernández Durán o Pablo Bosch, y más recientemente el de la Marquesa de Balboa, que han legado a perpetuidad importantes conjuntos de obras a las colecciones del Prado, uniendo para siempre su nombre al del Museo. Grandes instituciones privadas recurren ahora a la forma de dación en pago de impuestos, para colaborar económicamente con el enriquecimiento de la pinacoteca, que puede así comprar de forma ágil costosas obras de arte en el mercado. Por último, hay que mencionar la generosidad de algunos particulares que han donado importantes cantidades económicas al Museo con el fin de que se adquieran nuevas obras o de proveerlo de nuevas instalaciones, como hizo a su muerte Fernando Villaescusa y como acaba de hacer S. M. Don Juan Carlos I, al donar íntegramente la cuantía del premio que le ha otorgado la Mutua Madrileña al Prado.

El Museo organiza periódicamente exposiciones públicas de arte, fundamentalmente de pintura, relacionadas por lo general con la riqueza específica de sus propias colecciones históricas, aunque en excepcionales ocasiones acoge exposiciones que complementan las grandes ausencias de obras de algunos importantes artistas en el Museo. Así, realiza además ciclos de conferencias y de conciertos, también en conexión con la propia tradición histórica del Prado, que son de acceso público y gratuito y desarrolla una amplísima labor difusora del conocimiento de sus colecciones a través de ambiciosos programas educativos destinados a centros docentes fuera y dentro de la Comunidad de Madrid.

Servicios brindados por el Museo[modifica]

Exposiciones[modifica]

El Museo Nacional del Prado lleva a cabo una intensa política de exposiciones temporales que revisa, conmemora y da a conocer los aspectos de la Historia del Arte que más estrechamente se relacionan con sus propias colecciones, o que la complementan. Así, el Prado ha repasado a través de exposiciones temporales los grandes núcleos de interés de sus colecciones, desde la pintura medieval hasta la del siglo XIX[50], pasando por los aspectos más llamativos de sus colecciones como Patinir[51], Durero[52], Tiziano[53], Tintoretto[54], Velázquez[55], Murillo[56], El Greco[57] o Goya[58], o de los artistas que no tienen representación a pesar de tratarse de grandes pintores de la Historia, como Vermeer[59], así como algunos de los coleccionistas más importantes relacionados con su historia, como Felipe II[60], Felipe IV[61], Cristina de Suecia, Carlos I de Inglaterra[62], Felipe V[63] o Ramón de Errazu[64].

Desde abril de 2007 y coincidiendo con la apertura de la ampliación de la Pinacoteca, dió comienzo una nueva política de exposiciones que asume la exhibición de obras de artistas contemporáneos. Hasta ahora se han celebrado ya una exposición de fotografías de Museos de Thomas Struth[65], que se convirtió así en el primer artista vivo que expone en el Prado desde el siglo XIX, también se ha visto una selección de obras de artistas españolas en activo con las colecciones del Prado como referencia en común[66], un happening de Miquel Barceló acompañado del coreógrafo Josef Nadj[67], una de Cy Twombly[68] inspirada en la Batalla de Lepanto y ya está anunciada una próxima exposición sobre Francis Bacon[69], que redefinen así la misión sustancial del Prado en la cultura española y le implican directamente en la acción del Estado sobre el arte actual. Este nuevo rumbo del Museo ha suscitado importantes críticas por reconocidos expertos en el campo de la museología y la historia del arte[70]. De hecho, se ha considerado que esta nueva programación podría afectar de algún modo al Decreto que marca el límite de la actividad museística entre los dos grandes museos nacionales españoles de pintura y que señala que los artistas nacidos después de 1881, año del nacimiento de Picasso, corresponden salvo algunas excepciones que están especificadas en ese documento legal, al Museo Reina Sofía, cuya acción quedaría menoscabada por la acción del Prado[71].

Véase también[modifica]

Notas[modifica]

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Bibliografía[modifica]

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Enlaces externos[modifica]

Template:Commons

Categoría:Museo del Prado Prado, Madrid Categoría:Neoclasicismo en España Prado

Categoría:Pinacotecas

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